En los pueblos primitivos, los hechiceros sacaban partido a su conocimiento de la climatología del lugar “atrayendo” a la lluvia. Cuando el brujo veía que sobre las lejanas montañas había nubes grises y el viento soplaba en la dirección adecuada, podía saber que en unas horas llovería sobre la aldea. Entonces convocaba a la tribu y anunciaba su decisión de hacer llover (bailar la danza de la lluvia era opcional). Poco después, cuando el agua caía sobre los campos, a los ingenuos nativos sólo les quedaba admirar -y temer- el poder del hechicero.
Los aprendices de brujo siguen haciendo lo mismo hoy en la red y lo más desmoralizador es que los ingenuos ciudadanos digitales siguen picando una y otra vez.
Supongamos que yo tengo acceso a información privilegiada, que tengo, por ejemplo, un amigo en el Ministerio de Defensa, o un periodista con una buena fuente, y ese amigo me cuenta que el Presidente del Gobierno ha decidido retirar el mes que viene las tropas de Afganistán (no caerá esa breva), decisión que se mantendrá en secreto por razones de seguridad hasta el mismo momento de su ejecución.
Entonces voy y monto una campaña de recogida de firmas en internet para pedir al Presidente que retire las tropas de Afganistán. Cuando tal cosa se produzca, podré presumir de haberlo conseguido yo con mi campaña y, como valor añadido, hablar del poder de internet y de las redes sociales y de qué democracia tan cojonuda tenemos, ya que los ciudadanos pueden influir en las decisiones del Gobierno.
¿Lo pillan?


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