En referencia al intento de procesamiento del juez Baltasar Garzón, por supuestas iregularidades en su investigación de los crímenes de la dictadura, el hispanista británico Paul Preston ha dicho ayer que “da la impresión de que el franquismo está más vivo que nunca”.
Lo grave es que esa impresión de Preston no se confirma sólo por el hecho de que los grupos de extrema derecha anden envalentonados, sino sobre todo leyendo las manifestaciones de políticos supuestamente demócratas o pertenecientes a un partido supuestamente demócrata como el PP. Por ejemplo, el senador Agustín Conde, que dice estar “horrorizado” por el ataque “sin precedentes” al Estado de Derecho que supone el acto organizado por los sindicatos en defensa del juez Baltasar Garzón. ¿Desde cuándo es un ataque al Estado de Derecho que la gente exprese libremente su opinión?
Conde, como otros han hecho antes, maneja el tópico de que “la justicia es igual para todos”. Precisamente sentar a Baltasar Garzón en el banquillo y dejar ocultos bajo tierra los crímenes de la dictadura es la mejor prueba de que no, de que la justicia no es igual para todos (además, ¿cuándo ha sido igual la justicia para todos en un país como éste donde corruptos poderosos campan a sus anchas, unos porque tienen “amiguitos del alma” entre los jueces y otros porque sus procesos se dilatan y se dilatan en el tiempo hasta prescribir los delitos imputados?)
Por su parte, el ínclito Federico Trillo pide a la Fiscalía que actúe contra las “algaradas”, en referencia al acto convocado por los sindicatos. Eso, pidiendo mano dura, como la que tienen con él en el asunto del Yak.
Cualquier demócrata, sea cual sea su ideología, debería estar apoyando al juez Garzón. Pero sucede que muchos que hoy se alinean con el PP se consideran a sí mismos herederos de los vencedores de 1939 ¿Qué se apuestan a que no tarda alguno en salir hablando de los “resentidos que perdieron la guerra”?
Entretanto a Zapatero lo único que se le ocurre decir es que pide “respeto” para el Tribunal Supremo, una frase de esas de bla bla bla, que usan los políticos cuando quieren tener presencia en la tele, pero sin decir nada.
Tiene razón Preston: algo se remueve bajo la lápida del monasterio de Cuelgamuros. Y huele muy mal.


Los demócratas debemos defender el estado de derecho. Y defender el estado de derecho es no defender a quien se lo salta, por muy juez que sea, y por muy malo que fuera al que pretende juzgar. Solo el respeto la ley nos permitirá tener una seguridad y que no se permitirá que nadie se la salte.
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