"Al emperador romano Vespasiano, en su voracidad recaudatoria para edificar el Coliseo, se le ocurrió establecer un impuesto sobre la orina de las letrinas públicas. Como a su hijo Tito no le parecía muy digno semejante tributo, el propio Vespasiano acercó unas cuantas monedas hasta ponerlas delante de sus narices y le pregunto:
-¿Huelen mal?-No- le contestó.
-Y sin embargo, es orina. Sabes, hijo: ¡El dinero no huele!"
Vía: http://www.diariosur.es/prensa/20090906/opinion/olor-dinero-20090906.html

